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Chalecos y ruanas de lana

Ponchos, capas y chalecos tejidos: abrigo con estilo propio para el entretiempo y el invierno.

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Cobijas de lana estilo Tetris

Mantas de cuadros de colores que encajan como piezas de un puzle: perfectas para aprovechar restos de lana.

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Cobijas de lana a cuadros

El clásico granny square: cuadraditos tejidos que se unen en mantas llenas de color y recuerdos.

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Flores de lana

Pompones florales, margaritas de telar y ramos que duran para siempre: flores de lana para decorar sin regar.

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Fondos con lana

Tapices, cortinas de flecos y fondos de pared tejidos para darle a tus fotos y a tu salón un aire boho.

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Guantes de lana

Guantes, mitones y manoplas tejidas a mano: el accesorio de invierno que mejor sienta y más se agradece.

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Bolsos de lana

Bolsos de mano, mochilas y capazos tejidos con lana y trapillo: resistentes, bonitos y únicos.

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Calcetines y calentadores

Calcetines gorditos y calentadores de lana para los días fríos: comodidad tejida punto a punto.

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Lana fieltrable

La lana que se convierte en fieltro con agua y jabón: descubre el needle felting y el fieltrado húmedo.

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Lanas gruesas

Con lana XXL y brazos (¡o agujas gigantes!) se tejen mantas y puffs de nube en tiempo récord.

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Lettering con lana

Nombres, frases y siluetas dibujadas con hilo: el lettering de lana decora habitaciones infantiles y eventos.

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Manualidades con lana

Ideas creativas más allá del tejido: envolver, enrollar, bordar y jugar con la lana en mil formatos.

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Cuadros con lana

String art y tapices enmarcados: convierte hilos y clavos en arte para tus paredes.

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Botellas decoradas con lana

Recicla botellas envolviéndolas en lana de colores: jarrones y portavelas con acabado artesanal.

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Posavasos de lana

Redondos, hexagonales o con forma de fruta: posavasos tejidos que protegen la mesa con mucho estilo.

Cómo elegir la lana según el proyecto

No hay una lana buena y otra mala: hay lanas adecuadas para cada cosa. Estas son las diferencias que de verdad se notan al tejer:

  • Algodón. Firme, define muy bien el punto y no da calor. Es la fibra del amigurumi y de los cestos, bolsos y posavasos. No tiene elasticidad, así que para prendas ajustadas no va bien.
  • Lana de oveja. Elástica, cálida y perdona los errores porque el punto se asienta solo. Ideal para gorros, bufandas y jerséis. Pide lavado a mano.
  • Acrílico. Barato, lavable a máquina y en mil colores. Es la opción práctica para mantas y para cosas que van a sufrir. Define el punto peor que el algodón.
  • Mezclas y chenilla. Suavísimas al tacto, perfectas para peluches y ropa de bebé, pero esconden los puntos y cuesta contarlos mientras tejes.

Los grosores y qué significan

En las etiquetas verás un número de grupo del 1 al 7. En la práctica basta con quedarse con tres referencias: el grupo 3 (fino, para amigurumi y detalle, ganchillo de 2,5 a 3,5 mm), el grupo 4 (medio, el más común para prendas y mantas, de 4 a 5,5 mm) y el grupo 6 (grueso, tejido rápido, de 8 a 10 mm).

Un mismo patrón tejido en grupo 3 o en grupo 6 da piezas de tamaños completamente distintos. Por eso los patrones de amigurumi dicen «medirá unos 20 cm»: es orientativo y depende de tu hilo y tu tensión.

Cuánta lana comprar

La pregunta eterna. Como referencia aproximada para hilo de grupo 4: un gorro de adulto ronda los 100 g, una bufanda sencilla entre 200 y 300 g, una manta de sofá pasa fácil del kilo, y un amigurumi mediano se resuelve con 50 g.

Y una regla que ahorra disgustos: compra siempre un ovillo de más y del mismo lote. El número de lote viene en la etiqueta y el tono cambia entre lotes lo justo para que se note en una manta. Si sobra, siempre hay un amigurumi pequeño esperando.

Conservar la lana

Guárdala en bolsas cerradas o cajas, lejos de la luz directa y de la humedad. Si es lana natural, añade lavanda o cedro: la polilla va a por la fibra animal y no perdona. Y no guardes nunca un ovillo empezado con la aguja clavada, que deforma el tejido.